SANTIAGO
La carta se puede atribuir al «hermano del Señor» (Gál 1,19), identificado generalmente como Santiago «el Menor», que ocupaba un puesto eminente en la comunidad de Jerusalén (Hch 12,17 y véase Hch 15,13). Se trataría de una carta encíclica dirigida desde Jerusalén a varias comunidades judeocristianas. Habría que situarla entre el año 50, o incluso antes, y el último tercio del siglo i.La carta no es un tratado de teología, sino el mensaje didáctico y ético de un maestro de la comunidad cristiana, que, en coherencia con su fe en Cristo, con la sabiduría y el acierto del hombre religioso, y con la fuerza crítica e interpeladora del profeta, responde a algunos problemas candentes, sacando las consecuencias fundamentales del mensaje de Jesús en orden a una vida auténticamente cristiana.
SALUDO (1,1)
Sant1
1: 1 Santiago, siervo de Dios y del Señor
Jesucristo, a las doce tribus en la diáspora: saludos.
AUTENTICIDAD Y COHERENCIA DE LA FE (1,2-27)
Alegría en medio de la prueba
1: 2 Considerad, hermanos míos, un gran gozo cuando os veáis rodeados de toda clase de pruebas,
1: 3 sabiendo que la autenticidad de vuestra fe produce paciencia.
1: 4 Pero que la paciencia lleve consigo una obra perfecta, para que seáis perfectos e íntegros, sin ninguna deficiencia.
1: 5 Y si alguno de vosotros carece de sabiduría, pídasela a Dios, que da a todos generosamente y sin reproche alguno, y él se la concederá.
1: 6 Pero que pida con fe, sin titubear nada, pues el que titubea se parece a una ola del mar agitada y sacudida por el viento.
1: 7 No se crea un individuo así que va a recibir algo del Señor;
1: 8 es un hombre inconstante, indeciso en todos sus caminos.
1: 9 Que el hermano de condición humilde se sienta orgulloso de su alta dignidad,
1: 10 y el rico de su pequeñez, porque pasará como flor de hierba.
1: 11 Pues sale el sol con su ardor y seca la hierba, se cae la flor y se pierde la belleza de su aspecto; así también se marchitará el rico en sus empresas.
1: 12 Bienaventurado el hombre que aguanta la prueba, porque, si sale airoso, recibirá la corona de la vida que el Señor prometió a los que lo aman.
4: 1 Pe 1,6s.23 | 6: Mt 7,7; 21,21 par | 9: Jer 9,22s | 10: Is 40,6s | 12: Dan 12,12.
Respuesta en la prueba
1: 13 Cuando alguien se vea tentado, que no diga: «Es Dios quien me tienta»; pues Dios no es tentado por el mal y él no tienta a nadie.
1: 14 A cada uno lo tienta su propio deseo cuando lo arrastra y lo seduce;
1: 15 después el deseo concibe y da a luz al pecado, y entonces el pecado, cuando madura, engendra muerte.
1: 16 No os engañéis, mis queridos hermanos.
1: 17 Todo buen regalo y todo don perfecto viene de arriba, procede del Padre de las luces, en el cual no hay ni alteración ni sombra de mutación.
1: 18 Por propia iniciativa nos engendró con la palabra de la verdad, para que seamos como una primicia de sus criaturas.
1: 19 Tened esto presente, mis queridos hermanos: que toda persona sea pronta para escuchar, lenta para hablar y lenta a la ira,
1: 20 pues la ira del hombre no produce la justicia que Dios quiere.
1: 21 Por eso, desechad toda inmundicia y la carga de mal que os sobra y acoged con docilidad esa palabra, que ha sido injertada en vosotros y es capaz de salvar vuestras vidas.
1: 22 Poned en práctica la palabra y no os contentéis con oírla, engañándoos a vosotros mismos.
1: 23 Porque quien oye la palabra y no la pone en práctica, ese se parece al hombre que se miraba la cara en un espejo
1: 24 y, apenas se miraba, daba media vuelta y se olvidaba de cómo era.
1: 25 Pero el que se concentra en una ley perfecta, la de la libertad, y permanece en ella, no como oyente olvidadizo, sino poniéndola en práctica, ese será dichoso al practicarla.
13: Prov 19,3; Eclo 15,11-20; Rom 7,8-10; 1 Cor 10,13 | 18: Jn 1,12s; 1 Pe 1,22s | 19: Prov 10,19; 14,17; Eclo 5,11 | 21: Jn 3,11 | 22: Mt 7,24-27 par | 25: Rom 6,15; 7,12; 8,2.
La auténtica religiosidad
1: 26 Si alguien se cree religioso y no refrena su lengua, sino que se engaña a sí mismo, su religiosidad está vacía.
1: 27 La religiosidad auténtica e intachable a los ojos de Dios Padre es esta: atender a huérfanos y viudas en su aflicción y mantenerse incontaminado del mundo.
27: Éx 22,21.
COHERENCIA EN LA FE Y APARIENCIAS (2,1-26)
Sant2
2: 1Hermanos míos, no mezcléis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con la acepción de personas.
2: 2 Suponed que en vuestra asamblea entra un hombre con sortija de oro y traje lujoso, y entra también un pobre con traje mugriento;
2: 3 si vosotros atendéis al que lleva el traje de lujo y le decís: «Tú siéntate aquí cómodamente», y al pobre le decís: «Tú quédate ahí de pie» o «siéntate en el suelo, a mis pies»,
2: 4 ¿no estáis haciendo discriminaciones entre vosotros y convirtiéndoos en jueces de criterios inicuos?
2: 5 Escuchad, mis queridos hermanos: ¿acaso no eligió Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman?
2: 6 Vosotros, en cambio, habéis ultrajado al pobre. ¿No son los ricos los que os oprimen e incluso os arrastran a los tribunales?
2: 7 ¿No son ellos los que injurian el hermoso Nombre que ha sido invocado sobre vosotros?
2: 8 Si cumplís la que, según la Escritura, es la ley regia: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo», hacéis bien;
2: 9 pero si establecéis diferencias entre las personas, cometéis pecado y esa ley os acusa como transgresores.
2: 10 Pues quien observa toda la ley, pero falla en un solo precepto, se hace responsable de todos.
2: 11 Porque el que dijo: No cometerás adulterio, dijo también: No matarás; por tanto, si no cometes adulterio, pero matas, te haces transgresor de la ley.
2: 12 Hablad y actuad como quienes van a ser juzgados por una ley de libertad,
2: 13 pues el juicio será sin misericordia para quien no practicó la misericordia; la misericordia triunfa sobre el juicio.
5: 1 Cor 1,26-29 | 8: Lev 19,18; Mt 22,39 par; Rom 13,8-10 | 11: Éx 20,13s; Dt 5,17s; Mt 5,19 | 13: Mt 6,14s; 18,35; Lc 6,36s; 1 Jn 4,18.
Fe y obras
2: 14 ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe?
2: 15 Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario
2: 16 y uno de vosotros les dice: «Id en paz, abrigaos y saciaos», pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?
2: 17 Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro.
2: 18 Pero alguno dirá: «Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe».
2: 19 Tú crees que hay un solo Dios. Haces bien. Hasta los demonios lo creen y tiemblan.
2: 20 ¿Quieres enterarte, insensato, de que la fe sin las obras es inútil?
2: 21 Abrahán, nuestro padre, ¿no fue justificado por sus obras al ofrecer a Isaac, su hijo, sobre el altar?
2: 22 Ya ves que la fe concurría con sus obras y que esa fe, por las obras, logró la perfección.
2: 23 Así se cumplió la Escritura que dice: Abrahán creyó a Dios y eso le fue contado como justicia y fue llamado «amigo de Dios».
2: 24 Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no solo por la fe.
2: 25 Del mismo modo también Rajab, la prostituta, ¿no fue justificada por sus obras al acoger a los mensajeros y hacerlos salir por otro camino?
2: 26 Pues lo mismo que el cuerpo sin aliento está muerto, así también la fe sin obras está muerta.
15: Mt 7,21; 25,41-45; 1 Cor 13,3; Gál 5,6; 1 Jn 3,17 | 21: Gén 22,9; Heb 11,17 | 23: Gén 15,6; Is 41,8.
COHERENCIA EN CUESTIONES CONCRETAS (3,1-4,10)
Necesidad de controlar la lengua
Sant3
3: 1No os constituyáis muchos en maestros, hermanos míos, pues sabemos que nosotros recibiremos una sentencia más severa,
3: 2 porque todos faltamos a menudo. Si alguien no falta en el hablar, ese es un hombre perfecto, capaz de controlar también todo su cuerpo.
3: 3 A los caballos les metemos el freno en la boca para que ellos nos obedezcan, y así dirigimos a todo el animal.
3: 4 Fijaos también que los barcos, siendo tan grandes e impulsados por vientos tan recios, se dirigen con un timón pequeñísimo por donde el piloto quiere navegar.
3: 5 Lo mismo pasa con la lengua: es un órgano pequeño, pero alardea de grandezas. Mirad, una chispa insignificante puede incendiar todo un bosque.
3: 6 También la lengua es fuego, un mundo de iniquidad; entre nuestros miembros, la lengua es la que contamina a la persona entera y va quemando el curso de la existencia, pero ella es quemada, a su vez, por la gehenna.
3: 7 Pues toda clase de fieras y pájaros, de reptiles y bestias marinas pueden ser domadas y de hecho lo han sido por el hombre.
3: 8 En cambio, la lengua nadie puede domarla, es un mal incansable cargado de veneno mortal.
3: 9 Con ella bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, creados a semejanza de Dios.
3: 10 De la misma boca sale bendición y maldición. Eso no puede ser así, hermanos míos.
3: 11 ¿Acaso da una fuente agua dulce y amarga por el mismo caño?
3: 12 ¿Es que puede una higuera, hermanos míos, dar aceitunas o una parra higos? Pues tampoco un manantial salobre puede dar agua dulce.
1: Mt 23,8 | 2: Prov 10,10; 18,21; Eclo 5,9-15; 14,1; 28,13-26 | 6: Mt 3,12; 5,22 | 7: Gén 1,26s; 9,2.
La sabiduría frente a la ambición
3: 13 ¿Quién de vosotros es sabio y experto? Que muestre sus obras como fruto de la buena conducta, con la delicadeza propia de la sabiduría.
3: 14 Pero si en vuestro corazón tenéis envidia amarga y rivalidad, no presumáis, mintiendo contra la verdad.
3: 15 Esa no es la sabiduría que baja de lo alto, sino la terrena, animal y diabólica.
3: 16 Pues donde hay envidia y rivalidad, hay turbulencia y todo tipo de malas acciones.
3: 17 En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, intachable, y además es apacible, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sincera.
3: 18 El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz.
13: Eclo 19,20-30; Ef 4,1s | 17: 1 Cor 13,4-7.
Exhortación a la humildad
Sant4
4: 1¿De dónde proceden los conflictos y las luchas que se dan entre vosotros? ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan dentro de vosotros?
4: 2 Ambicionáis y no tenéis, asesináis y envidiáis y no podéis conseguir nada, lucháis y os hacéis la guerra, y no obtenéis porque no pedís.
4: 3 Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones.
4: 4 Adúlteros, ¿no sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Por tanto, si alguno quiere ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios.
4: 5 ¿O es que pensáis que la Escritura dice en vano: El espíritu que habita en nosotros inclina a la envidia?
4: 6 Pero la gracia que concede es todavía mayor; por eso dice: «Dios resiste a los soberbios, mas da su gracia a los humildes».
4: 7 Por tanto, sed humildes ante Dios, pero resistid al diablo y huirá de vosotros.
4: 8 Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros. Lavaos las manos, pecadores; purificad el corazón, los inconstantes.
4: 9 Lamentad vuestra miseria, haced duelo y llorad; que vuestra risa se convierta en duelo y vuestra alegría en aflicción.
4: 10 Humillaos ante el Señor y él os ensalzará.
3: Mt 6,5-13.33; Rom 8,26 | 4: Mt 6,24 par; 1 Jn 2,15-17 | 6: Prov 3,34; 1 Pe 5,5-9.
ADVERTENCIAS Y EXHORTACIONES ANTE EL JUICIO (4,11-5,20)
Advertencias
4: 11 No habléis mal unos de otros, hermanos. El que habla mal de un hermano o el que critica a su hermano está hablando mal de la ley y criticando la ley; y si criticas la ley, ya no eres cumplidor de la ley, sino su juez.
4: 12 Uno solo es legislador y juez: el que puede salvar y destruir. ¿Quién eres tú para juzgar al prójimo?
4: 13 Atención, ahora, los que decís: «Hoy o mañana iremos a tal ciudad y allí pasaremos un año, haremos negocio y ganaremos dinero».
4: 14 ¡Si ni siquiera sabéis qué será del día de mañana! ¿Qué es vuestra vida? Pues sois vapor que aparece un instante y después desaparece.
4: 15 Más bien deberíais decir: «Si el Señor quiere y estamos vivos, haremos esto o lo otro».
4: 16 Sin embargo, ahora presumís con vuestras fanfarronerías; todo alarde de ese estilo es malo.
4: 17 Por tanto, el que sabe cómo hacer el bien y no lo hace, ese está en pecado.
Sant5
5: 1 Atención, ahora, los ricos: llorad a gritos por las desgracias que se os vienen encima.
5: 2 Vuestra riqueza está podrida y vuestros trajes se han apolillado.
5: 3 Vuestro oro y vuestra plata están oxidados y su herrumbre se convertirá en testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como fuego. ¡Habéis acumulado riquezas… en los últimos días!
5: 4 Mirad, el jornal de los obreros que segaron vuestros campos, el que vosotros habéis retenido, está gritando, y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor del universo.
5: 5 Habéis vivido con lujo sobre la tierra y os habéis dado a la gran vida, habéis cebado vuestros corazones para el día de la matanza.
5: 6 Habéis condenado, habéis asesinado al inocente, el cual no os ofrece resistencia.
4,11: Mt 7,1-5 | 13: Prov 27,1; Lc 12,19s | 5,1: Prov 11,4.28; Lc 6,24s | 3: Prov 16,27; Eclo 29,10-12; Mt 6,19-21 | 4: Lev 19,13; Dt 24,14s | 6: Sab 2,10-20.
Exhortaciones
5: 7 Por tanto, hermanos, esperad con paciencia hasta la venida del Señor. Mirad: el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía.
5: 8 Esperad con paciencia también vosotros, y fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca.
5: 9 Hermanos, no os quejéis los unos de los otros, para que no seáis condenados; mirad: el juez está ya a las puertas.
5: 10 Hermanos, tomad como modelo de resistencia y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor;
5: 11 mirad: nosotros proclamamos dichosos a los que tuvieron paciencia. Habéis oído hablar de la paciencia de Job y ya sabéis el final que le concedió el Señor, porque el Señor es compasivo y misericordioso.
5: 12 Y sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni hagáis otro tipo de juramento; que vuestro sí sea sí, y vuestro no, no, para que no caigáis bajo condena.
5: 13 ¿Está sufriendo alguno de vosotros? Rece. ¿Está contento? Cante.
5: 14 ¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que recen por él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor.
5: 15 La oración hecha con fe salvará al enfermo y el Señor lo restablecerá; y si hubiera cometido algún pecado, le será perdonado.
5: 16 Por tanto, confesaos mutuamente los pecados y rezad unos por otros para que os curéis: mucho puede la oración insistente del justo.
5: 17 Elías era semejante a nosotros en el sufrimiento, y rezó insistentemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses.
5: 18 Volvió a rezar, y el cielo dio la lluvia y la tierra produjo su fruto.
5: 19 Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo convierte,
5: 20 sepa que quien convierte a un pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados.
10: Mt 5,11s par | 11: Sal 103,8; Job 42,10-17 | 12: Mt 5,34-37 | 16: Prov 28,13; Eclo 4,26; 1 Jn 1,8-10 | 17: 1 Re 17,1; 18,1.41s | 20: Tob 12,9; Prov 10,12; 1 Pe 4,8.